EL SIGLO XX Y EL DEPORTE

En el transcurso de los primeros 50 años del siglo XX, la forma de concebir el ocio cambió radicalmente a los bogotanos en gran parte por la llegada de una serie de novedades que llegaron del extranjero: la radio, el cine, los nuevos ritmos musicales y los deportes cambiaron en principio las costumbres de los más adinerados, pero con el pasar de los años, dichas costumbres foráneas permearon la sociedad en sus diferentes estratos sociales.

Los comienzos del siglo XX para Bogotá no fueron nada fáciles, el país enfrentaba la peor guerra civil (Guerra de los Mil Días) y la peor cris hiperinflacionaria de su historia, para rematar, se desbordó la peor crisis higiénica, lo cual hizo que ricos y pobres se vieran obligados a recurrir a sus espacios de ocio, inclusive en sus propios recintos, debido al escaso flujo de dinero que existía en los bolsillos de los bogotanos.

Los esfuerzos por implantar la higiene se impulsaron durante la primera mitad del siglo XX y se centraron en lograr un individuo disciplinado que controlara sus impulsos. Aquí se observa un esfuerzo por controlar lo afectivo en aras de fortalecer lo racional. De este modo, la gimnástica y el deporte constituyen una herramienta de control sobre el mal empleo del ocio”.[1]

De esta forma, las élites buscaron diferenciarse de las clases medias y bajas usando los buenos modales y las buenas costumbres, y fue entonces cuando el deporte se convirtió en una plataforma ideal para cumplir este objetivo; las actividades físicas al igual que las culturales se empezaron a percibir como un proceso civilizador.

De acuerdo con Norbert Elías:

El deporte es una actividad mimética o de juego, presente en la categoría de las actividades de tiempo libre con características de ocio. Tales acontecimientos contrarrestan las tensiones generadas por las actividades no recreativas, proporcionan emociones placenteras sujetas a control y construyen batallas reguladas que tienen cabida en escenarios imaginarios. A este tipo de actividades, las personas son vinculadas como espectadores o como actores, sin embargo, dejan de ser recreativas en el momento de ser transformadas en ocupaciones especializadas y toman las obligaciones que un trabajo entraña.[2]

La nueva urbanidad burguesa en la  Bogotá de la posguerra civil incluía respeto al orden social, corrección en el vestir, buen uso del tiempo libre, noción del comportamiento femenino y masculino, al igual que principios estéticos y morales a partir de los cuales elaborar normas de distinción social”.[3]

En general ser buen deportista es algo considerado de buen gusto. Con el progreso, a través de la élite, se imponen nuevos usos y valores que desdeñan de lo quieto, lo provinciano y se fomenta el roce social, el vigor, la destreza física. En Europa y en Estados unidos los atletas junto a las estrellas de cine son los nuevos semidioses”.[4]

Esta imagen de ciudad culta fue utilizada como frontera de diferenciación social y de ahí que los primeros clubes fueran exclusivos de personas de clase alta. En principio dichos espacios se establecían en amplias casonas ubicadas en el Centro y su finalidad era propiciar un espacio donde se utilizará bien el tiempo libre, bien fuera en tertulias, juegos de mesa o practicando los deportes europeos, en especial los ingleses.

En 1882 se funda el Gun Club en el tercer piso de las galerías Arrubla y en 1894 se funda el Jockey Club, lugar del juego de póquer y tresillo, y de contactos políticos. En sus primeros años, la práctica de los deportes aparece asociada a la institución del club. En 1905 se realizan partidos de polo y cricket en el Hipódromo de La Magdalena y a principios de siglo comienza a funcionar el Club La Macarena, encargado de introducir el golf en un potrero situado en la carrera 13 con calle 37. En Bogotá el Club de Polo fue el primer impulsador del fútbol hacia 1910, cuando se formaron los primeros equipos conformados por miembros del club.[5]

Figura 3. Foto tomada en 1912 en el campo La Merced al equipo Colombia, flamante Campeón de la Copa Restrepo, nombre en puesto en honor al presidente Carlos E. Restrepo, patrocinador del evento.

 Foto tomada en 1912 en el campo La Merced al equipo Colombia, flamante Campeón de la Copa Restrepo, nombre en puesto en honor al presidente Carlos E. Restrepo, patrocinador del evento.

Fuente: El deporte en Colombia. En: Nueva Historia de Colombia

Ya entrados en la década del XX los clubes seguían siendo los principales promotores de prácticas deportivas; los anteriormente mencionados Polo Club, América Sport Club,  Tequendama, Country Club y Magdalena Sport Club solían organizar torneos de polo, tenis, golf y fútbol.

Por esos mismos años la hípica, junto al cine y los toros se convirtieron en uno de los espacios de ocio preferidos, con el auspicio  del Jockey Club y teniendo como escenario al hipódromo La Magdalena, construido en 1892. Las carreras de caballos eran una cita ineludible cada sábado.

“El primer impulso está dado y sólo falta el entusiasta concurso de nuestra gente elegante, para que siquiera por el lado deportivo presente aspecto de gran ciudad y amenice esta Atenas, de que con razón nos envanecemos”[6],  comenta la editorial de la revista ilustrada emitida en el mes de agosto de 1899.

Gracias a la gran acogida que tenían los caballos dentro de las clases altas, los deportes como el polo fueron los primeros en irrumpir en el seno de la oligarquía bogotana, dicha actividad tuvo en Federico Child, Evaristo Herrera e Ignacio Santamaría, los primeros promotores, donde Federico fue el primero en traer los mazos y la indumentaria en uno de sus viajes a Inglaterra.

En octubre de 1887 fue fundado el Polo Club de Bogotá, cuyo primer presidente fue don Álvaro Uribe. Allí se reunía la aristocracia bogotana, bien para jugar polo o para recordar viajes y anécdotas. Allí también se habló por primera vez de tenis, fútbol, cricket y hockey”.[7]

En honor al señor Álvaro Uribe, anteriormente mencionado, se realizó la copa Uribe de polo, la cual contaba inicialmente con la participación de tres equipos, pero al final fueron sólo dos debido a que en el equipo comandado por el mismo Uribe se lesionó uno de los integrantes y no había nadie quien lo remplazará, por lo cual el torneo se definió entre los equipos comandos por Federico Chid e Ignacio Sanz, donde este último resultó campeón.

El Campo la Magdalena no sólo fue el primer escenario del polo, también sirvió como cancha para practicar los primeros partidos de fútbol y cricket. Años después este emblemático lugar sirvió de sede para la urbanización que dio origen al barrio de su mismo nombre: el barrio La Magdalena.

Figura 4. Foto tomada después de una partida de Polo en 190X

Fuente: Atlas histórico de Bogotá 1538 – 1919.

Por otro lado, el papel de la mujer en estos primeros años de irrupción del deporte fue casi nulo, su misión pasaba por ser una simple observadora, pero con la llegada del tenis esta tendencia comenzó a cambiar. En 1906 se formó el Lawn Tennis Club, donde la mayoría socios eran damas de la alta sociedad de la Bogotá de entonces. La afinidad de las damas por practicar este deporte se mantuvo tenue hasta bien entrada la década de los 30, años en los que la mujer empezó a incursionar en deportes como el atletismo. A pesar de esto, la sociedad no veía con buenos ojos que una mujer practicara actividades que requirieran esfuerzos físicos porque pensaban que podrían perder su femineidad.

Respecto al tenis, se puede decir que junto al fútbol fue uno de los deportes practicados por la oligarquía que logró sobrevivir al paso del tiempo, actividades como el cricket y el hockey fueron flor de un día. La primera cancha de tenis de la que se tiene registro fue construida en 1902 bajo la supervisión de don Álvaro Uribe y su ubicación era la carrera 13 entre calles 35 y 40, terreno donde más tarde se construiría el Magdalena Sport Club.

Otro deporte que irrumpió en las primeras décadas del siglo XX fue el boxeo, donde los aficionados fundan el Boxing Club y aparece el primer boxeador de la ciudad: Rafael Tanco, que, convertido en ídolo, realiza peleas con boxeadores nacionales o extranjeros, tanto en el Salón Olimpia como en el Parque de Luna Park al sur de la ciudad. Desde 1929 los periódicos El Espectador y El Tiempo ya promueven pruebas de ciclismo”.[8]

Con la irrupción de los primeros deportes y la diversificación social que paulatinamente se desarrolló dentro de las primeras décadas del siglo XX, la ciudad empezó su transformación hacia la modernidad.  Los primeros espacios que sintieron dicho cambio fueron los destinados a espacios lúdicos. Hacia 1900 Bogotá estaba diseñada para ser transitada a pie y casi que el único espacio destinado masivamente para acoger espacios de ocio era la Plaza de Bolívar.

Por su parte, los parques estaban diseñados para ser sitios de descanso, lugares para hacer vida social, entablar algún tipo de conversación y ver correr a los niños sin tener fin alguno, su función no incluía ninguna práctica deportiva. En pocas palabras, los parques eran destinados para no hacer nada.

Parques como el Luna Park y el Gaitán, inaugurados en la década del 20, fueron los primeros sitios de ocio pensados en ofrecer algún tipo de recreación deportiva, en ellos había pastales donde se podía practicar fútbol y lagos con lanchas destinadas para los visitantes.

Uno de los parques más concurridos era el Gaitán, un sitio de diversiones a bajo costo, este era el lugar favorito de las criadas, disponía de montaña rusa y de barcas para remar. Era corriente ver grupos de niños con calzón corto jugando pirinola o trompo y en agosto el parque se llenaba de cometas”. [9]

Figura 5. Parque y Lago Gaitán, 1930

Fuente: Fundación Misión Colombia. Historia de Bogotá.

A pesar de que los parques fueron amoldando sus instalaciones para propiciar espacios para el deporte, la Ciudad Universitaria fue el lugar favorito de los deportistas bogotanos de principios del siglo XX, allí se disponía de extensas zonas verdes y de instalaciones deportivas acordes a los ítems internacionales, además el campus brindaba seguridad, lo que propició que muchos padres llevaran a sus hijos a ejercer alguna actividad deportiva”.[10]

A pesar de los avances que se empezaron a dar en los primeros años del siglo XX en lo referente a adecuación de espacio para el deporte, no fue sino hasta la década del 70 que se reglamentaría la formación de parques distritales y parques de barrio diseñados para prácticas deportivas.

Hacia 1925 se aprobó la Ley 80, dando vida a la Comisión de Educación física, ente que quedaría a cargo del Ministerio de Instrucción Pública. Sus principales funciones se encaminaron en lograr la formación de una afición, de reunir personas en torno a la práctica de los deportes, en especial del atletismo, así como crear espacios propicios, organizar torneos, crear asociaciones de cultura física, introducir al deporte en la academia, formar profesionales, mostrar al deporte como promotor de salud, belleza y moral. Sin embargo, su principal misión tenía como objetivo evitar el deterioro social de la naciente clase obrera, bajo la creación de una afición dispuesta a utilizar sus ratos de ocio en la práctica de deportes.

La Ley 80 fija su importancia por ser un determinante para profesionalizar educadores, lo que precipitó la importación de profesores expertos en el área, sobre todo de maestros provenientes de países como Alemania e Inglaterra, quienes fueron los encargados en gran medida de convertir deportes como el fútbol, en un elemento cotidiano de las clases medias y bajas.

La alternativa inmediata de solución para los expertos alemanes consistía en dotar a los maestros de guías didácticas para realizar su labor, es en este contexto cuando surgen, con el fin de ayudar a desarrollar los programas para la educación primaria establecidos en las “Guías para el maestro”, publicadas por el Ministerio de Educación Nacional y elaboradas por el Grupo de Inspección Nacional de la enseñanza elemental, con la asesoría de la Misión Alemana y revisados por el Instituto Colombiano de Pedagogía.[11]

En 1927 se realizaron los primeros Juegos Deportivos Nacionales en Bogotá con el patrocinio del Ministerio de Instrucción Pública y Salubridad Pública. Si bien llegaron pocas delegaciones y se limitaron a unos cuantos partidos de fútbol y a algunas pruebas atléticas celebradas en el estadio del Instituto de la Salle, hay que registrar este hecho como el primer esfuerzo por emplear el deporte como instrumento de integración nacional.[12]

Es de destacar el papel preponderante que jugaron los colegios para socializar el deporte. Además, ya hacia la década del 30 se había logrado que las clases medias y bajas empezaran a practicar actividades como el atletismo, el boxeo y el fútbol. Con la llegada de los gobiernos liberales se tomaron una serie de medidas comunicacionales, educativas y de salubridad entre las cuales se encontraba el proceso de instauración de la educación física en el bachillerato y la universidad, actos que marcarían la consolidación del deporte como uno de los principales elementos de ocio para los bogotanos.

Con la llegada del liberalismo al poder en 1930, se consiguieron varias reformas políticas y culturales, los líderes presidenciales manifestaron públicamente la importancia del deporte como un aporte al mejoramiento de la salud y la higiene, pero a su vez manifestaban la necesidad de contar con personal especializado y con una mejor infraestructura a nivel de escenarios.

A pesar de ser decretada varios años atrás, fue hasta 1933 y bajo el gobierno de Olaya Herrera que la Ley 80 se empezó a ejercer de manera correcta, en este año el Gobierno, mediante decreto número 1734 de 1933, reglamentó la obligatoriedad de la educación física en todos los establecimientos educativos de primaria secundaria y universitaria. Durante este periodo de gobiernos liberales también se creó la Dirección Nacional de Educación Física y el Comité Olímpico, además, por primera vez cinco atletas colombianos participaron en las olimpiadas, realizadas en Berlín Alemania 1936; así mismo, durante este mismo periodo se crea la Asociación Colombiana de Fútbol, al igual que la de Baloncesto, y el decreto 1528 de junio 25 de 1936 estableció la creación del Instituto Nacional de Educación Física, INEF, uno de los entes encargados de organizar los Juegos Bolivarianos de 1938, desarrollados en Bogotá.

La inclusión de la educación física en la escuela es considerada uno de los logros de la pedagogía y en partícular de las políticas de los gobiernos liberales desde 1930 al 1946, su práctica en la vida diaria posibilitó nuevas actitudes lúdicas en la población, y bajo una concepción ideológica, permitió que lo físico, lo moral, lo intelectual y lo saludable fueran una unidad orgánica indisoluble, con la llegada de los liberales al poder el deporte pasó a ser pensado como la base de una mente sana, como un ente civilizador.[13]

Bajo la tutela de los gobiernos liberales, el deporte tiene un gran auge, se inauguran los estadios de fútbol de Los Libertadores en Medellín y El Campín en Bogotá, se impulsa la masiva participación de los Juegos Nacionales y La Comisión Nacional envía a Chile a un grupo de colombianos para que allí en el Instituto de Educación Física, se preparen como profesores.

La inversión pública en infraestructura en esos años permitió la generación de espacios donde la gente pudo practicar deporte. Hacia 1934 se inaugura el Parque Nacional, donde se instalaron canchas de tenis, baloncesto, patinaje, pistas, gimnasios, camerinos y servicios sanitarios. Un año después, en 1935, se establece el Comité Municipal de Deportes de Bogotá, que tenía la misión de impulsar todos los deportes, pero debido en gran medida a la amplia afición que ya entonces precedía al fútbol, fue una de las actividades que más ayuda recibió.

Por decisión del Concejo de Bogotá y para celebrar en 1938 el IV Centenario de fundación de la ciudad, se dispuso el Acuerdo 12 de 1935 para construir un estadio en la ciudad. Luego, Luis Camacho Matiz cedió 43 fanegadas de los terrenos que formaban parte de su antigua hacienda El Campín, en el entonces barrio San Luis. Este estadio fue el primero de la ciudad para realizar torneos de fútbol, el cual se empezó a construir en 1936 y se inauguró en 1938. Junto a El Campín, en 1937, se construyó el Estadio Alfonso López en la moderna sede de la Universidad Nacional.[14]

Gracias a la llegada de profesores europeos se desarrolló la proliferación de escenarios, y se impulsó la adecuación de canchas en los barrios obreros, como sucedió en 1934, año en que se inauguró una cancha en el barrio Tejada, o en 1942 cuando se construyeron dos más para fomentar el espíritu deportivo y físico de los trabajadores. Además, gracias a la simplicidad de los implementos deportivos, el fútbol se consolidó dentro de todas las clases sociales como el deporte más popular de los bogotanos.


[1] Sandra Pedraza Gómez. “Sentidos, movimiento y cultivo del cuerpo: política higiénica”,  en: Educación y Cultura Política: Una mirada multidisciplinaria. (Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2001).

[2] Norbert Elías y Eric Dunning, Deporte y Ocio en el Proceso de la Civilización. (Madrid: Fondo de Cultura Económica. 1992), 60.

[3] Sandra Pedraza. En cuerpo y Alma. Visiones del progreso y la felicidad. (Bogotá, Universidad de los Andes, 1999).

[4] Londoño, xxxxx. Vida diaria,  367

[5] Fabio Zambrano, “De la Atenas Suramericana a la Bogotá Moderna. La Construcción de la cultura ciudadana en Bogotá, Revista de Estudios Sociales No. 11 (2002): 17.

[6] Revista Ilustrada, agosto 15 (1899).

[7] Fernando Araujo,” Deportes”, en: Enciclopedia Colombia a su alcance. (Bogotá: Editorial Planeta, año), 317.

[8] Zambrano, De la Atenas suramericana, 18.

[9] Londoño, Vida diaria en las ciudades, 1989.

[10] Alberto Saldarriaga, Bogotá siglo XX: urbanismo, arquitectura y vida urbana. (Bogotá: Departamento Administrativo de Planeación Distrital. 2000), 282.

[11] Albedo Galvis Ramírez. Oro, plata y bronce: una aproximación a la historia del deporte colombiano (Bucaramanga: EDITORIAL, 1996).

[12] Londoño, Vida diaria en las ciudades. 361.

[13] Martha Cecilia Herrera y Carlos Low, Los intelectuales y el despertar cultural del siglo. El caso de la Escuela Normal Superior, una historia reciente y olvidada. (Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional. 1994).   

[14] Zambrano, De la Atenas suramericana, 18.

Acerca de Daniel Fernando Polanía Castro

Comunicador Social con maestría en historia, editor de las revistas Logística, (infraestructura, transporte, empaque y almacenamiento), M2M (publicidad y Mercadeo) Outsourcing ( tercerización y administración de empresas)de la casa editorial Legís S.A: Twitter: @danielfpolania
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